Sin entrar a analizar detalles, que serían muchos y controvertidos,
representantes de tendencias políticas tan extremas fueron capaces de conciliar,
de converger hacia un gran proyecto común.
Y por qué hicieron esto? porque
pensaban en la estabilidad de España y fueron capaces, por el bien de su país,
de poner a un lado todas esas divergencias que sin duda existían y que parecían
insalvables.
Y esto es lo que yo quisiera ver hoy, 130 años después. Una clase
política ocupada en los ciudadanos, en su bienestar, en la mejora de sus vidas.
Algo que no está ocurriendo. Y por qué?, porque nuestros representantes
políticos están en la descalificación y en el insulto permanente; se acuestan
digiriendo los ataques recibidos y se levantan pensando qué lindezas les
dedicarán mañana, o a qué nuevos ataques tendrán que hacer frente. En medio de
esa crispación tienen que trabajar.
Y la reflexión es: qué tiempo les queda para
los ciudadanos, para pensar en sus problemas y en cómo solucionarlos, cuando
consumen sus energías en una lucha bizantina sin fin.
Este sistema político
cumpliría con los preceptos democráticos, sin menoscabar los derechos y
libertades que actualmente disfrutamos, y evitaría a aquellas facciones
independentistas que quieren destruir la unidad de España.
Creo que a Cánovas ya
le tenemos; ahora hay que encontrar a Sagasta.
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