domingo, 26 de julio de 2020

No Culpable

Creo que Sánchez no es culpable. Podría llenar tres páginas con críticas a su labor en el Gobierno, pero una pandemia de esta magnitud, algo nunca vivido en nuestra etapa contemporánea, no tiene una fácil gestión.
Por tanto, yo diría, responsable sí, culpable no.
Hay voces críticas con el fin del confinamiento y la vuelta a la actividad, que hablan de precipitación. Dirigentes como Bolsonaro o Trump, gustarán más o menos y se les podrá tachar de una cosa u otra, pero ninguno de los dos es tonto. Cuando aparecen sin mascarilla y minimizando los efectos del COVID, lo hacen muy a su pesar, pero lo tienen que hacer así.
Desde aquí, es fácil criticar esa actitud, pero cada uno conoce su casa. Bolsonaro sabe lo que sería una revuelta multitudinaria en Río.. Trump ya lo ha visto con el caso George Floyd en Minneapolis. Su muerte desató un incendio racial sin precedentes en las últimas décadas, pero los disturbios vinieron acompañados de saqueos injustificables (fenomenal forma de protestar, reventando las lunas de las tiendas y llevándose móviles, plasmas, etc.).
Y eso es lo que puede venir con una crisis económica de la magnitud que se perfila.. por tanto, hay que elegir entre ver morir a la gente en los hospitales, o verles morir matándose en las calles (el hambre lo puede todo). Y Bolsonaro y Trump lo tienen claro.
Por tanto, en mi opinión, no hay precipitación por parte de las Autoridades; se tiene que reponer el pulso económico cuanto antes.
Y las muertes en los hospitales que nombraba antes, se podrían evitar en gran medida, apelando a la responsabilidad de cada uno. Si nos vamos doscientos de botellón, nos juntamos quince en una comida familiar, o llenamos la barra de los bares, no tengamos luego la caradura de criticar a las autoridades políticas/sanitarias.
Policía y Guardia Civil saldrán a las calles en breve, a sancionar masivamente, porque serán obligatorias las mascarillas y muchos no harán ni caso.
Y arreciarán las críticas.. pero dará igual; prefiero un irresponsable cabreado, que un sanitario contagiado. Si esta parva de irresponsables, que parece que esto no va con ellos, no respeta a los sanitarios, que se están jugando la vida, ni al resto de ciudadanos, hay que atacar a su cuenta corriente.
Creo que el Gobierno sabe que, sin acabar septiembre, habrá un retroceso muy importante en toda España. Pero su actual mensaje es el correcto. Hay que reactivar la economía. No me gusta la expresión ‘daños colaterales’, que parecen inevitables, pero, insisto, se pueden minimizar en gran medida si todos mostramos la responsabilidad debida.

martes, 23 de junio de 2020

Similitudes

El pasado día 20, en un parque de la ciudad inglesa de Reading, un individuo de origen libio, ataca a varias personas con un cuchillo de grandes dimensiones, con el resultado de tres personas muertas y otras tantas heridas. La policía británica lo cataloga como “incidente terrorista”, incluso apuntan a problemas psiquiátricos del atacante.
Pero no, no está loco. En mi opinión, es un atentado en toda regla.

Y para hacer esta afirmación, me baso en una sola cosa: el atacante sabe cómo matar; apuñala en el cuello, debajo de las axilas y en la nuca, puntos todos letales. Es decir, está entrenado.

En abril de este año, un hombre armado con un cuchillo, mata a dos personas y hiere a otras cuatro, tres ellas de gravedad, en el centro de Romans-sur-Isère, en el sur de Francia.

El 2 de febrero, un hombre ataca a los viandantes en una concurrida calle comercial de la zona de Streatham, al sur de Londres, también con un arma blanca, con el resultado de dos muertos. También, el 29 de noviembre del año pasado, dos personas fueron asesinadas a puñaladas en Londres, por un pakistaní.

Salvando las distancias, se dan ciertas similitudes entre el islamismo y el COVID.

Amenazas latentes. Son amenazas ocultas; podremos dejar de percibirlas con el temor inicial, pero siguen ahí. El virus sigue entre la población, del mismo modo que el islamista vive mimetizado en la sociedad.

Recursos insuficientes. Los recursos de los servicios sanitarios no son suficientes para prevenir el contagio. Tampoco las fuerzas policiales son suficientes para prevenir la comisión de estos atentados. Ya no es fácil moverse con explosivos y el control de las armas es mucho más restrictivo, pero cómo controlar un cuchillo de cocina.. el arma mayormente utilizada para atentar.

Actitud preventiva. Es la totalidad de la población la que, con una actitud adecuada y preventiva, puede reducir el volumen de contagios a la mínima expresión. Del mismo modo que, es la población, adoptando medidas de autoprotección, la que puede reducir la casuística de víctimas ante las acciones terroristas.

Espacio-tiempo. ¿Dónde se recrea el virus? en las grandes concentraciones. ¿Dónde ataca el islamista? en las aglomeraciones.

Apunto un consejo en cada caso, para aquel que lo quiera aceptar.

Centros comerciales. Camina por los lados, juntos a las tiendas. El agresor busca el mayor número de víctimas, por tanto, ataca al centro (como ejemplo, en el ataque a Las Ramblas, todas las víctimas caminaban por el centro de la calle). Además, si escuchas disparos, gritos, tienes el escape fácil, al interior de la tienda. El agresor siempre continua la acción fuera, donde más víctimas se puede cobrar.

Concentraciones de población. Usa la mascarilla. Solo con este gesto, multiplicado por miles de usuarios, se salvarán muchas vidas.

Mantener una actitud preventiva, durante un tiempo, es fácil; lo complicado es mantener la alerta en el tiempo; para ello, hace falta ser muy disciplinados.

En Protección, decimos que el estado mental ideal es el de ALERTA RELAJADA. Hay que vivir sin temor, sin estrés, pero manteniendo un mínimo nivel de alerta, constante, que nos permita reaccionar ante cualquier contingencia.

Esta reflexión, aplica a ambas amenazas. Nos guste o no, es lo que nos toca vivir.



domingo, 14 de junio de 2020

Políticos Valientes


Estamos necesitados de políticos valientes; no podemos seguir por este camino de mediocridad.

No parece apropiado que un maestro de escuela esté al frente de la cartera de Fomento, o que un filósofo esté dirigiendo la Sanidad nacional; qué tal irían un ingeniero de Caminos o un licenciado en Medicina…

Estas personas tendrán su valor, sin duda, pero en su ramo. Hay otras formas de premiar la lealtad, sin implicar a los intereses y al bienestar de las personas.

De otros perfiles, actualmente al frente de algunos ministerios, ahorramos comentarios. Afortunadamente, se imponen la elemental prudencia y sentido común, y a los inútiles les han colocado en carteras insignificantes.

Pero no todo es malo; tenemos el polo opuesto en otras carteras de primer orden como Economía, o Seguridad Social, gestionadas por reputados economistas, con bagaje y demostrado buen hacer. Tranquilizador.
Centro el tiro en este Gobierno, por ser el vigente; con los anteriores, ha sido la misma dinámica.

El perfil apropiado para gobernar, en mi opinión, es el de directivos que vengan del sector privado; con nivel académico, trayectoria profesional, expertos en gestión y conocedores del mundo laboral y familiar. Esto se traduce en años y, consecuentemente, su paso a la política debería ser ya con cierta edad.

Pero conseguir buenos perfiles en política es complicado; un condicionante importante es el económico. Es inevitable que los directivos mejor preparados permanezcan en el sector privado, donde las condiciones salariales son sensiblemente mejores.

Es por esto que, la edad, es importante. El candidato en cuestión, tiene que tener su vida resuelta; nadie renuncia al bienestar de su familia.

El problema con el mediocre, es que entra en política para solucionarse la vida. Prueba de ello, es la indigencia intelectual y el esperpento que nos toca vivir cada día.

Y cuál es el atractivo del sector público para estos directivos? En mi opinión, hay dos factores que les pueden atraer: hacer el bien común y el prestigio.

A algunos de estos perfiles, en un momento de su vida, les aborda la necesidad de aportar, de poner su brillantez al servicio de la sociedad.

Y un aspecto determinante, es que no pierden un minuto en pensar cómo se van a enriquecer, no han venido a eso.
Pero, cómo revertir esta situación cuando, gran parte de los que tienen que acabar con la mediocridad, son los mediocres que se tienen que ir…

Solución: que la otra parte, los buenos políticos, sean valientes.

martes, 26 de mayo de 2020

Ecléctico


A medida que cumplo años, me vuelvo más ecléctico en política; quiero decir, que no me identifico con un movimiento o partido político concreto. Creo, además, que debe acabar cuanto antes la dicotomía izquierda-derecha; no deben ser determinantes los colores, sino la gestión.
De partida, incuestionables las libertades y derechos fundamentales, pilares de la democracia, pero, además, comulgo con algún precepto liberal, incluso conservador (quien no lo es, siendo padre de familia).
Defiendo siempre una máxima liberal que dice que cada hombre (mujer) tendrá lo que se gane con su esfuerzo. Abundando en la doctrina liberal, parece justo afirmar que los hombres nacen iguales, son iguales ante la Ley, pero no es justo afirmar que todos los hombres deban tener lo mismo. En esto, me vuelvo intransigente.
Valores como el esfuerzo, la dedicación, la capacidad o el talento, distinguen a las personas y la recompensa no puede ser la misma.
Es bueno que algunos de estos valores, distingan al diligente del vago, para que cada uno tenga lo suyo. Pero, dicho esto, conviene ser justo y solidario con aquellas personas que, con mucho esfuerzo, consiguen muy poco. Personas con la actitud y la disposición, pero cuyas limitaciones académicas o sociales les impiden progresar.
El mundo está hecho así y no lo vamos a cambiar; la sociedad premia el talento, pero hagamos que la vida del humilde (que lo merezca), con sus limitaciones, sea también digna. 
Y todo pasa por una remuneración justa; no se puede formar una familia con quinientos euros al mes; ser mano de obra poco cualificada, no debe significar malvivir.
Soy un firme detractor de algunas de las políticas que pone en práctica este Gobierno, pero apoyo sin fisuras su predisposición a las mejoras del salario mínimo.

Ecléctico..