Estamos necesitados de políticos
valientes; no podemos seguir por este camino de mediocridad.
No parece apropiado que un maestro de escuela
esté al frente de la cartera de Fomento, o que un filósofo esté dirigiendo la Sanidad nacional;
qué tal irían un ingeniero de Caminos o un licenciado en Medicina…
Estas personas tendrán su valor, sin
duda, pero en su ramo. Hay otras formas de premiar la lealtad, sin implicar a
los intereses y al bienestar de las personas.
De otros perfiles, actualmente al
frente de algunos ministerios, ahorramos comentarios. Afortunadamente, se
imponen la elemental prudencia y sentido común, y a los inútiles les han colocado en carteras insignificantes.
Pero no todo es malo; tenemos el
polo opuesto en otras carteras de primer orden como Economía, o Seguridad
Social, gestionadas por reputados economistas, con bagaje y demostrado buen
hacer. Tranquilizador.
Centro el tiro en este Gobierno, por ser el vigente; con los anteriores, ha sido la misma dinámica.
El perfil apropiado para gobernar,
en mi opinión, es el de directivos que vengan del sector privado; con nivel
académico, trayectoria profesional, expertos en gestión y conocedores del mundo
laboral y familiar. Esto se traduce en años y, consecuentemente, su paso a la
política debería ser ya con cierta edad.
Pero conseguir buenos perfiles en
política es complicado; un condicionante importante es el económico. Es
inevitable que los directivos mejor preparados permanezcan en el sector privado,
donde las condiciones salariales son sensiblemente mejores.
Es por esto que, la edad, es
importante. El candidato en cuestión, tiene que tener su vida resuelta; nadie
renuncia al bienestar de su familia.
El problema con el mediocre, es que entra
en política para solucionarse la vida. Prueba de ello, es la indigencia
intelectual y el esperpento que nos toca vivir cada día.
Y cuál es el atractivo del sector
público para estos directivos? En mi opinión, hay dos factores que les pueden
atraer: hacer el bien común y el prestigio.
A algunos de estos perfiles, en un
momento de su vida, les aborda la necesidad de aportar, de poner su brillantez
al servicio de la sociedad.
Y un aspecto determinante, es que no
pierden un minuto en pensar cómo se van a enriquecer, no han venido a eso.
Pero, cómo revertir esta situación cuando, gran parte de los que tienen que acabar con la mediocridad, son los mediocres que se tienen que ir…
Pero, cómo revertir esta situación cuando, gran parte de los que tienen que acabar con la mediocridad, son los mediocres que se tienen que ir…
Solución: que la otra parte, los buenos políticos, sean valientes.
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