viernes, 6 de mayo de 2016

El Toro y el Toreo

Difícil plasmar la esencia y la profundidad de estos dos conceptos en unas líneas, pero ahí va mi percepción, auténtica, sin influencias, lo que ven mis ojos, mi forma de entender el toreo.

No comparto algunos de los tópicos que tanto se repiten en el mundo de la tauromaquia.
El arte del toreo. Torear no es un arte, es una habilidad y una actitud.
Es la habilidad que muestra una persona para manejar una situación de alto riesgo y su actitud ante esa situación. Es decir, la destreza en el manejo de una muleta y el valor que hace falta para hacerlo con un tío de quinientos kilos delante.
El arte del rejoneo. El mal llamado toreo a caballo, no es más que una demostración de doma ecuestre. Es mareante ver a un toro dando vueltas detrás de un caballo; me parece una pelea desigual, un acto sin emoción. Hay que bajar a la arena.
El toreo va en gustos. Nada más lejos; se sabe torear o no se sabe torear. Si te gusta un torero que no sabe torear, es que no sabes de qué va esto.

Soy aficionado al toreo y también al toro. Me apasiona el toro pero no quiero ser torista porque me gusta ver torear. El que entiende de esto, sabe que el toro encastado no sirve, si lo que queremos es ver el lucimiento del torero. Triste, pero cierto.
Los ganaderos, si no quieren cerrar el negocio, tienen que restar casta. El toro repite menos, muestra menos codicia y no traslada la misma emoción, pero asusta menos y nos deja ver torear.
Afortunadamente, hay ganaderos que se resisten. La prueba más reciente, el Albaserrada de Victorino, Cobradiezmos, en Sevilla. El hocico cubierto de arena, humillando en cada muletazo (muestra de su gran bravura), codicia sin fin (marca/encaste de la Casa). Una pena, no verlo más a menudo.

Decía que no debemos ejercer de toristas, ni ponernos excesivamente puros porque, si lo hacemos, no sirve casi nada. A ver quién recuerda el último toro que aguantara tres puyazos y, además, metiendo los riñones…la mayoría de las tardes, tienes que hacer como que no has visto el tercio de varas…

Decía también que no hay gustos que valgan; se sabe torear o no.
Despaciosidad, templanza, verticalidad y siempre en el sitio. El toro tiene que pasar despacio y ceñido a la cintura. Si el torero se inclina, lo que está buscando es alejar al toro; si tira de la muleta con rapidez, lo que quiere es que pase cuanto antes…es decir, el miedo le puede, no sirve.

Soy de José Miguel Arroyo. Nadie como él. Lo que acabo de nombrar y, además, la mano muerta, clavado en la arena, la estética de hombros caídos que a mí tanto me emociona...
Estoy hablando de Joselito en presente pero, tristemente, debo hacerlo en pretérito.

Reconozco ser intransigente en esto del toreo, pero es que “sirven” muy pocos. Además de Joselito, tengo que nombrar a otros grandes como Paco Camino o Curro Romero.
Pero cómo terminar esto sin nombrar al Gitano de Jerez, a Ortega Cano, Morante, Manzanares (padre, claro). Y tengo que nombrar a José Tomás, el “temerario”; parece que quisiera morir en la arena, pero es enorme.
También reconozco que, a alguno de los que he nombrado, le pudo el miedo en alguna ocasión pero su magia compensaba todo.

Recuerdo, nítidamente, el homenaje a Rafael de Paula en Madrid (con Joselito y Morante, quienes si no). Cuando el Maestro salió al centro a saludar, saltamos del asiento como un resorte, se caía la plaza…que nostalgia.

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