Creo que deberían cesar los injustos ataques que, desde algunos sectores de la sociedad, se hacen contra la Iglesia. Lo está diciendo alguien que no es practicante, que no sabe si es creyente, que no le apasiona la pompa eclesiástica, que no le gusta la soberbia de sus altos dirigentes y que sería implacable con los pastores de Dios involucrados en pederastia. En prisión, comprobarían el alcance de sus prácticas, pero desde otro ángulo...
Pero la Iglesia no termina ahí. Para muchas personas es, salvando las distancias, como una infraestructura crítica, sus servicios son esenciales. Y es que la fe aquieta a los hombres; les proporciona paz espiritual y les conforta en momentos de desesperación.
Valoremos la acción social de la Iglesia, proporcionando alimento, diariamente, a las personas más necesitadas. Recordemos la labor de las misiones, llevando vida a los puntos más deprimidos del planeta.
Mi admiración y respeto por Ratzinger, dejando paso a la renovación en la figura de Francisco I. Soy un fan de Bergoglio; desafía a los altos poderes con demoledoras sentencias como “...quién soy yo para juzgar a los gays...la verdadera Iglesia está en las villas miseria, en las comisarías de policía, con la chusma...quiero que la Iglesia salga a la calle, que abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo...” Esta es, en gran parte, la esencia de la Iglesia. Si le dejan, será un extraordinario referente.
Personalmente, me fascina la soledad del templo; cuando está vacío o con muy pocas personas. Disfruto ese silencio como algo mágico y experimento una relajación que me resulta difícil de conseguir fuera de allí. Dedico ese tiempo a pensar en mi familia, lo único que es verdad en nuestra vida; pidiendo, no sé muy bien a quien, que les dé paz y que vivan protegidos de toda perturbación.
Lo que quiero significar es que, la Iglesia, es algo más que ir a misa los domingos. Démosle una oportunidad a Francisco el “Revolucionario” (Jesús de Nazaret también lo fue) de demostrarnos si puede conseguir cambiar la percepción de tantos escépticos.
Y, por favor, que cesen los ataques a la Iglesia.
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