Difícil plasmar la esencia y la profundidad de estos dos
conceptos en unas líneas, pero ahí va mi percepción, auténtica, sin
influencias, lo que ven mis ojos, mi forma de entender el toreo.
No comparto algunos de los tópicos que tanto se repiten en
el mundo de la tauromaquia.
El arte del
toreo. Torear no es un arte, es una habilidad y una actitud.
Es la habilidad que muestra una persona para manejar una
situación de alto riesgo y su actitud ante esa situación. Es decir, la destreza
en el manejo de una muleta y el valor que hace falta para hacerlo con un tío de quinientos kilos delante.
El arte del rejoneo. El mal
llamado toreo a caballo, no es más que una demostración de doma ecuestre. Es
mareante ver a un toro dando vueltas detrás de un caballo; me parece una pelea
desigual, un acto sin emoción. Hay que bajar a la arena.
El toreo va en
gustos. Nada más lejos; se sabe torear o no se sabe torear. Si te gusta un
torero que no sabe torear, es que no sabes de qué va esto.
Soy aficionado al toreo y también al toro. Me apasiona el
toro pero no quiero ser torista
porque me gusta ver torear. El que entiende de esto, sabe que el toro encastado
no sirve, si lo que queremos es ver el lucimiento del torero. Triste, pero
cierto.
Los ganaderos, si no quieren cerrar el negocio, tienen que
restar casta. El toro repite menos, muestra menos codicia y no traslada la
misma emoción, pero asusta menos y nos deja ver torear.
Afortunadamente, hay ganaderos que se resisten. La prueba más
reciente, el Albaserrada de Victorino, Cobradiezmos,
en Sevilla. El hocico cubierto de arena, humillando en cada muletazo (muestra
de su gran bravura), codicia sin fin (marca/encaste de la Casa). Una pena, no
verlo más a menudo.
Decía que no debemos ejercer de toristas, ni ponernos excesivamente puros porque, si lo hacemos, no
sirve casi nada. A ver quién recuerda el último toro que aguantara tres puyazos
y, además, metiendo los riñones…la mayoría de las tardes, tienes que hacer como
que no has visto el tercio de varas…
Decía también que no hay gustos que valgan; se sabe torear
o no.
Despaciosidad, templanza, verticalidad y siempre en el sitio. El
toro tiene que pasar despacio y ceñido a la cintura. Si el torero se inclina,
lo que está buscando es alejar al toro; si tira de la muleta con rapidez, lo
que quiere es que pase cuanto antes…es decir, el miedo le puede, no sirve.
Soy de José Miguel Arroyo. Nadie como él. Lo que acabo de
nombrar y, además, la mano muerta, clavado en la arena, la estética de hombros
caídos que a mí tanto me emociona...
Estoy hablando de Joselito en presente pero, tristemente,
debo hacerlo en pretérito.
Reconozco ser intransigente en esto del toreo, pero es que
“sirven” muy pocos. Además de Joselito, tengo que nombrar a otros grandes como Paco
Camino o Curro Romero.
Pero cómo terminar esto sin nombrar al Gitano de Jerez, a
Ortega Cano, Morante, Manzanares (padre, claro). Y tengo que nombrar a José
Tomás, el “temerario”; parece que quisiera morir en la arena, pero es enorme.
También reconozco que, a alguno de los que he nombrado, le pudo
el miedo en alguna ocasión pero su magia compensaba todo.
Recuerdo, nítidamente, el homenaje a Rafael de Paula en
Madrid (con Joselito y Morante, quienes si no). Cuando el Maestro salió al
centro a saludar, saltamos del asiento como un resorte, se caía la plaza…que
nostalgia.