lunes, 23 de septiembre de 2013

ETA. Indignación y Resignación.


En mi mesa de trabajo, tengo la foto del guardia civil que está evacuando en brazos a una niña tras la explosión en la casa cuartel de Vic. Al pie de la misma, significo las palabras recuerdo y respeto. Recuerdo por los muertos y respeto por los muertos en vida. Se hace difícil digerir que los causantes de tanta desgracia, alevosa y calculada, puedan algún día campar a sus anchas porque han cumplido sus penas. Cabe preguntarse cuándo cumple la pena de las madres de las víctimas.

Una buena persona, un buen guardia civil, suaviza mi indignación cuando me plantea que, siendo justo y humano solidarizarse con las madres de los muertos, no es menos justo y menos humano pensar en las madres de los vivos…
Las primeras, en su indignación, pensarán que se traiciona la memoria de tantos como dieron su vida por la libertad de todos los españoles. En contraste, las segundas, pensarán que, por fin, se acaba con la barbarie terrorista y llega el sosiego a sus casas.

La serenidad en la reflexión de este buen guardia civil, habiendo enterrado a tantos de los suyos, hace que mi indignación se torne en resignación.